sábado, 18 de junio de 2016

UN PANFLETO QUE CIRCULA

Anda circulando en el grupo AMIGOS DE ROLDANILLO la imagen de un panfleto de contenido amenazante dirigido a un grupo de personas en particular y, de manera general, a los consumidores y expendedores de estupefacientes. Este panfleto está "firmado" nada menos que por LOS URABEÑOS. 



Al respecto hay que entrar a analizar varios aspectos. 

En primer lugar, no hay que ser un experto en documentología para apreciar a simple vista que se trata de un panfleto apócrifo hecho con el solo propósito de infundir zozobra entre la comunidad y atemorizar a diecisiete personas que, seguramente, están relacionados con el negocio del microtráfico de estupefacientes en Roldanillo. Sin embargo, su autoria es objeto de duda. ¿Los Urabeños? Para nadie es secreto que se trata de una de las bacrim que actualmente maneja los negocios que más dinero mueven en el país: el narcotráfico, la extorsión y el sicariato. Esos no amenazan. Esos no se ponen a gastar plata en fotocopias con contenidos intimidantes. Además, su política no es acabar con la clientela de sus productos. Al contrario: cada días reclutan más y más candidatos a la adicción y para lograrlo no dudan en ir a escuelas y colegios. Lo anterior no significa que se esté subestimando la amenaza o se le esté restando importancia a algo que realmente puede desembocar en la práctica de la mal llamada "limpieza social", pues el autor o los autores de ese tipo de mensajes puede entrar a actuar para demostrar que la cosa va en serio, u otros pueden aprovechar las circunstancias del terrorismo panfletario para pescar en río revuelto y ajustar algunas cuentas pendientes.

En segundo lugar, las 17 personas cuyos apodos aparecen en el panfleto son reconocidos consumidores y expendedores. Y campaneros, habría que agregar. Son pocos los que en Roldanillo no los tienen referenciados. Son personas que en la actualidad representan el problema social que pone en mayor riesgo a la comunidad roldanillense, pues su influencia ha tocado a todos los sectores geográficos y sociales de este municipio. El problema crece. El ejército de adictos se incrementa cada día de manera alarmante. Todos vemos cómo adultos y menores de edad, niños y niñas, caen en un abismo del que resulta casi imposible volver a salir. ¿Quién en Roldanillo no tiene un hijo, un hermano, un vecino, un amigo, alguien del entorno que no tenga algo que ver con ese flagelo? Todos. O casi todos, pues al parecer las autoridades y gobernantes están blindadas contra el problema y por esa razón no le prestan ninguna atención. Desde hace varios años las llamadas "ollas" o casas de expendio de vicio son conocidas en nuestro pueblo. Las ha habido en diferentes barrios y son conocidas porque los adictos desfilan a todo momento, las 24 horas del día, en busca de su dosis. La policía las tiene ubicadas, las autoridades municipales las han tenido "censadas". ¿Por qué no se ha hecho una intervención a fondo, como en el Bronx capitalino, para erradicar el problema? Las respuestas las conocen todos. A la policía pareciera no interesarle erradicar las ollas porque en un pueblo (también en las ciudades) las posibilidades inmediatas de lograr un "positivo" es con los adictos. Incautar 20 gramos de marihuana o un gramo de basuco es, para las estadísticas de la Policía Nacional, un positivo, como lo es incautar una tonelada. Los premios son los mismos. A los gobernantes el problema no les va ni les viene porque lo que produce votos es el cemento. Los programas sociales lo único que genera es gasto y mantener inconforme a gente que no tiene llenadero. Además, los adictos -si son habitantes de calle- no votan o no pueden votar porque, de manera recurrente, son indocumentados. ¿Para qué gastar pólvora en gallinazo con programas de recuperación social?

Finalmente, se sabe que entre bandas de microtraficantes se dan conflictos internos por el control total del negocio. Esto puede estar ocurriendo en este caso. Quizás un "combo" quiere debilitar a otro y para ello la estrategia es quitarle clientes, sin importar que para hacerlo tengan que eliminar unos cuantos consumidores. Ninguna hipótesis es descabellada en este caso. Por eso, si bien es cierto que hay dudas sobre la autenticidad del panfleto, no hay que bajar la guardia. No nosotros, los ciudadadanos del común, sino las autoridades en todos los estamentos y niveles. Es a ellas a quienes compete hacer los análisis correspondientes y tomar las medidas para mantener el bienestar de la comunidad y garantizar la vida, honra y bienes de todos los ciudadanos.